(Capítulo X del libro “Nace tu cuerpo en mis labios)
Estos once sonetos están inspirados formalmente en el cine, tanto en directores como en actores/actrices, tomando títulos de películas para formar algunos de sus versos, sin embargo su contenido nada tiene que ver con dichos personajes, son esencialmente sonetos de amor y desamor.
Aviso: Estos sonetos ya fueron publicados en el mes de Abril uno a uno y con las imágenes de las carátulas de cada una de las películas que en ellos se mencionan.
Forman parte de los primeros sonetos con los que me atreví -tienen ya unos cuantos años-, cuando yo era un indocumentado en esto de los sonetos, por lo que su técnica es un tanto deficiente. Su métrica de endecasílabos es más o menos correcta (alguna sílaba se me habrá escapado, seguro); su rima no se ajusta a la rima clásica (ABBA ABBA) en todos ellos, ya que algunos tienen una rima más moderna que cambia de un cuarteto al siguiente; y el tercer elemento característico de un soneto que es la uniformidad de su acentuación interna, en esta serie es prácticamente inexistente, excepto en los sonetos (I) y (XI) cuyos versos he corregido más recientemente para adecuar su técnica a los tres elementos nombrados anteriormente: métrica, rima y tono acentual.
Para aquellos que les interese profundizar un poco más en la técnica del soneto os dejo el siguiente enlace:
(I) Alfred Hitchcock
La ventana indiscreta de tus ojos
a un vértigo me lleva, desolado,
a un frenesí festivo y alocado,
a una psicosis de colores rojos
encadenados en un mar de hinojos,
atados con la soga del pasado.
La cortina rasgada del pecado
de entre los muertos siembra sus arrojos.
Los pájaros trinaron por tu ausencia,
y me envolvió la sombra de una duda.
¿Qué mano miserable urdió la trama?
¿Dices que es juego sucio mi querencia
si yo confieso la verdad más cruda?
Recuerda que yo quise ser tu llama.
..
..
..
(II) Pedro Almodóvar
Carne trémula, locura encendida,
átame a tu piel en noches desiertas.
Laberinto de pasiones tan ciertas
como esta flor desgarrada y herida.
La flor de mi secreto a ti debida
se acabó marchitando ante tus puertas;
se oyen tacones lejanos: abiertas
pisadas se alejan en plena huida.
Matadora de un sueño atroz y triste:
¿por qué te alejaste en tan mala hora
dejando un rastro de infernal incesto?
Aún me pregunto ¿por qué te fuiste?
¿dónde estarán tus besos ahora?
¿pues qué he hecho yo para merecer esto?
.
(III) Charles Chaplin
Ni tú eres una mujer de París,
ni aún menos yo un rey en Nueva York,
nunca digas que fui el gran dictador,
que apenas soy el canto de un malvís.
¿Qué fue de aquella tarde en el andén,
de los tiempos modernos de verdad?
Se apagaron las luces de ciudad
cuando te subiste al último tren.
Por el túnel del olvido cruzamos
cuando la noche oscura nos cegó:
tal vez fuimos dos extraños, tú y yo.
La quimera del oro que soñamos
en su propio lamento se fundió:
¡sí que somos dos extraños, tú y yo!
.
(IV) Luis Buñuel
La muerte en este jardín ya no es muerte,
es la vía láctea a falta de errata,
un gran casino con fichas de plata,
es más que vida en manos de la suerte.
Tierra sin pan es yerma tierra inerte,
un perro andaluz sin plaza ni dueño,
el ángel exterminador de un sueño:
así es la aurora de jamás tenerte.
Bella de día y de noche tú has sido,
subida al cielo siempre desabrido.
Tú, en una cárcel de oro, yo penando.
Abismos de pasión por ti he sentido
que sólo fueron clavos de un olvido.
La ilusión viaja en tranvía, yo andando.
.
.
¡¿Que si es bella...?! A mí me lo parece,
tiene un aire de belleza robada,
prohibida, oculta, sensual, velada,
como una raíz que germina y crece.
Ante un pequeño Buda en su aposento
sólo amistad juramos aquel día,
y muchas tardes de melancolía
en su hombro encontré el mejor sustento.
Tiempos después nos ardió la pasión,
en amor y rabia unidos a coro,
y olvidé la promesa antaño dada.
Pero hoy, bajo la luna de neón,
-aunque estaba y está casada- añoro
el cielo protector de su mirada.
.
.
(VI) Woody Allen
Sueños de seductor fueron los míos,
que no llegaron a ningún buen puerto,
sombras y niebla, corazón desierto,
días de radio con noches de fríos.
Bogart besando, pasiones y bríos,
Manhattan al fondo, ¡ay! sueño despierto,
y en mis interiores sólo un mar muerto
de amores que nacen muriendo impíos.
Llega Septiembre con toda su calma,
repleto de acordes y desacuerdos,
y otra mujer me roba incluso el alma.
Poderosa Afrodita, a ti te invoco,
y huyendo aprisa de tantos recuerdos,
escapo corriendo y haciendo el loco.
.
.
(VII) Billy Wilder
“¡Con faldas y a lo loco!”, dijo el viento,
cuando te vio salir de madrugada,
y hasta le pareció que eras un hada
escapando de un hermoso cuento.
Vacío quedó el apartamento
después de tantos (un, dos, tres) adioses,
y desde el crepúsculo de los dioses
ni habrá guerra, ni tampoco tormento.
“¡Bésame, tonto!”, fue tu despedida,
y en bandeja de plata un dulce beso
cambió perdición por fuente de vida.
Ahora, en la lejanía, una bella
foto, en primera plana, me hace preso
de tus noches y tus días sin huella.
.
.
(VIII) Luchino Visconti
Acógeme en tus brazos de repente,
en tu cuerpo que huele y sabe a rosa,
que yo quiero aguantar la suave losa
de tu abrazo tierno mas inocente.
Desnuda ya mi cuerpo lentamente,
no seas tímida, obsesión hermosa,
y con tus alas, tibia mariposa,
condúceme a tu sexo incandescente.
Bellísima luz en las noches blancas
que dibuja tu cuerpo en pleno cielo:
bronceado, desnudo, en flor y en celo.
En los bajos fondos dos voces francas
se hacen confidencias junto a la hoguera:
la tierra tiembla cuando el cielo espera.
.
.
.
(IX) Leonor Watling
Más allá del deseo y sus confines,
en la espalda de Dios, perdido y solo,
abatido como Ulises por Eolo,
deseando acampar en tus jardines.
En tu cuerpo, que es tu todo y mi nada,
en mi vida sin mí, que es tu belleza,
gritaré alegre al fin ¡adiós tristeza!
cuando pueda alojarme en tu morada.
Quiero mudar mi alma a tu ciudad,
explorar tu piel y tu firmamento,
recorrerte sin prisas ni maldad.
En la ciudad de horizontes cercanos
son de mar, son de espuma, sol y viento
los jardines colgantes de tus manos.
.
.
(X) Victoria Abril
Yendo hacia ti por camino seguro,
te encontraré en la noche más hermosa,
esposa y amante, sirena y diosa,
a solas contigo en el cielo oscuro.
A solas contigo en el cielo oscuro,
clamando ante tus puertas más preciosas:
entre las piernas, jazmines y rosas
mezclan sus hojas trepando tu muro.
Tan mal me acostumbraste a tus placeres
que si faltas un día, ya te añoro:
mis ojos no entienden de otras mujeres.
Y ahora te diré sin más decoro,
que tú siempre has sido, serás y eres
mi muchacha de las bragas de oro.
.
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(XI) Javier Bardem
Antes de que anochezca no habrá nada,
ni espanto, ni pasión, ni aún locura,
no quedará ni llanto ni amargura
antes de que anochezca tu mirada.
Mas cuando se despierte la alborada
en los días contados de ternura,
entre el mar de tus ojos, mi ventura
navegará hasta hallar la piel amada.
Cuando florece el sol y boca a boca
amanecen los cuerpos tan dispuestos:
nunca es cuerdo el amor que a diana toca.
Tú, mar adentro, y yo, bajel flotante;
amantes, invisibles, siempre prestos:
sedientos de placer por un instante.


















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